Viernes Mayo 24 , 2013
Martes, 17 Abril 2012

Que se haga tu voluntad

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Que se haga tu voluntad

Y dijo el ser humano: "partamos la línea cronológica de tiempo del hombre en antes, durante y después del Blackberry"; y el humanoide con Smartphone dijo: "que sea un antes de la vida real y un después de la vida virtual"; y los tamagotchis humanoides respondieron: "amén, que se haga tu voluntad". Y así fue, y vio el ser humano que todo lo que había creado tecnológicamente había sido muy bueno.

Nosotros, (refiriéndome a los que no usamos ningún tipo de smartphones), generalmente creemos que quienes usan Blackberry hacen parte de un nuevo grupo social, así como son 'los punks', 'los groupies', etc. Es que ellos se comportan de una manera uniforme: son callados, cabizbajos, parecen tamagotchis, pues siempre están escribiendo el status de lo que hacen o dejan de hacer, de lo que sienten o quieren hacer, a fin de evitar que alguien los interrumpa en un algún momento inesperado señalan en su estado expresiones como: "estoy durmiendo" o "estoy bañándome"; por no decir aquellos que escriben: "tengo hambre", solo falta que agreguen algo como: "aliméntame". Los tamagotchis blackberry-comuncacionhumanoides terminan siendo el reemplazo de los dueños de un Blackberry, por el hijo que resulta del apareamiento del dispositivo y el amo, así de repente y en el momento más inoportuno, se les ve riéndose solos, con esa impresión que dan en la que aparentan ser individuos privilegiados.

Pero ella no es así, al menos no cuando la conocí. De hecho, no logro imaginarla esclavizada de lunes a lunes a un aparato, que a través de 'pitidos' le ordene qué hacer o qué no.

Una voz dulce que saboreaba inocencia me atendió después del tono. Es ella, Keryl Vanessa Broadmeier Pérez, quien me ha dicho que la espere cinco minutos. Ahora, estoy sentada en una de las sillas de espera, en el lugar donde trabaja como redactora en la sección cultural de la Casa Editorial El Tiempo con sede en Barranquilla. Se respira un aire de ansiedad, he visto pasar a una chica de piel morena con uniforme casi cuatro veces por el mismo trayecto, al igual que la secretaria vestida de verde, que contesta un teléfono o un mensaje. La escena la asemejo con aquella que parecen tener los adictos al Blackberry, por la esa necesidad de estar contestando mensajes todo el tiempo de forma inmediata.

Después de la espera, Kerly me invita a pasar a una sala de juntas. Por su apariencia física no puedo imaginarla atada a un Blackberry, aparato que es tan bueno en señalar los malos modales de las personas, pues generalmente lo dejan a uno hablando solo. Ella, de 23 años y estudiante de Comunicación Social de la Universidad Autónoma Del Caribe ahora está contándome su historia.

Hace un año y cinco meses, Keryl sumó a su inventario un sofisticado Blackberry, esos mismos que son la fiebre del momento. La verdad es que nunca quiso uno, lo que realmente quería, en cuanto a celular, era un iPhone. Este había sido bueno para que Keryl reemplazara la comunicación cara a cara (o como ella diría "Face to face") con sus relaciones personales, perdiera dos horas de productividad diaria y para que el sentido de su vida se redujera a una actividad internauta que, según ella, hace perder el interés por las actividades netamente físicas, como el sexo o el deporte.

En principio, cuando Keryl creó su apego hacia el aparato, como cualquier buena hija de nuestro tiempo, jamás creyó que este a pesar de facilitarle la comunicación con las personas del trabajo o estudio, podría obstaculizarle 'la comunicación frente a frente' en sus relaciones personales. A la joven se le vienen a la mente sus recuerdos, que toman forma de nostalgias confusas y con señales de superación. Tal vez una imagen idealizada del hombre del que se enamoró y fue su novio. O quizás, fue más fácil creer al hablar con él por Blackberry, que una persona puede tener cierta personalidad cuando en realidad es otra. O simplemente a través de este dispositivo es más fácil mentir. Si bien, ella lo quiso y él también, pero nunca dejaron relucir aun estando juntos físicamente, que esta era una competencia de quien ignoraba a quien, obviamente, con su respectivo Blackberry.

A buenos ocios, malos negocios.

"¿Sabes lo que es el túnel carpiano?" me preguntó Keryl, a lo que mi ignorancia me delató. Me mostró su palma de la mano un poco apenada porque no le gusta exhibirla ya que la considera fea. Señaló la parte inferior de la palma, (en el mismo lugar donde más salen a relucir las venas) y entendí que el 'túnel carpiano' es un espacio que hay entre el carpiano y el metacarpiano, una especie de túnel de ligamentos junto con huesos que contienen nervios y tendones, llamado así por ser tan estrecho. Cuando estos tendones (une el musculo con el hueso) se inflaman se produce tendinitis.

"Me di cuenta que tenia tendinitis porque me empezó a doler. Fui al médico, me mandó unas pastillas analgésicas y realizar unos ejercicios en la muñeca. Supe que la tendinitis podía afectar la movilización de mis manos, sabía que si yo no hacía algo al respecto me produciría una mal formación o peor, convertirse en síndrome del túnel carpiano". Me contaba Keryl mientras señalaba las secuelas que le había dejado la enfermedad a causa de realizar movimientos reiterativos en una misma posición, en este caso, la posición que se adquiere al escribir en un Blackberry, dado los movimientos realizados por los dedos, especialmente por el pulgar.

Aún le duele y eso que hace seis meses decidió dejar el Blackberry por completo. Puede sonar exagerado o muy radical la decisión, a pesar de que a veces se le venga el cargo de conciencia en volver a adquirir el plan de datos por un mes y quitarlo en dos. Pero es ahí cuando su voz interior de mujer independiente le hace sostener: "así me siento mejor. Siento que no estoy atada a un objeto, que no me hace falta, que no lo necesito, que no es imprescindible para mí. De alguna u otra manera la gente pudo y puede sobrevivir sin internet, sin Blackberry, ¿por qué ahora no lo voy a hacer? Ahora veo a otra gente y me parece muy tonto pasar horas muerta de risa frente a un dispositivo como este".

Así fue y vio Keryl que todo lo que había decidido, había sido muy bueno. Bueno porque no todas las personas tienen la capacidad de discernir qué es lo que puede ser mejor para su vida. Bueno porque pudo equilibrar y balancear sus relaciones personales, su salud y su tiempo. Bueno porque su buen ocio, la llevó a un mal negocio y su buen uso la llevó a un buen indicio. Así fue: y el ser humano se dio esperanzas de creer que todo lo que había creado tecnológicamente había sido bueno para que los tamagotchis humanoides, es decir todo usuario de smartphone que actúa mecánicamente gracias al uso de su dispositivo, no decidieran si es bueno o es malo su utilización y se subordinaran a las masas sin preguntar: "¿que se haga tu voluntad o la mía?

 


Paola López Giraldo
Practicante-Redactora Web
Colombia Digital

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