Algo de historia
Cuando era pequeña, hace ya algunos años, tenía en mi casa un televisor grande de caja de madera marca Sony, de los que tenían control remoto pesado y una especie de teclado para los canales. Era muy feo, por lo que un día decidí pintarlo de azul cielo contra la voluntad de mi madre; eso le cambió el exterior, pero la señal de televisión nacional era igual y en nada mejoró. La humedad de mi casa, que quedaba a las afueras de la ciudad, afectaba todo, desde la entrada de la señal de TV porque el cable se humedecía, hasta las llamadas de teléfono que se veían interrumpidas por un zumbido permanente que se agravaba con el invierno. "Muévalo ahí", "déjelo así", "hábleme un poquito más fuerte" o "quédese ahí parado, con la antena en la mano", eran las frases más comunes a la hora de disponernos a arreglar estos antiguos equipos electrónicos y mejorar la señal. Debo aclarar que esto fue por los años 80 y 90.
En mi familia no éramos los más actualizados en tecnología, por lo que en ocasiones al televisor Sony pintado de azul cielo le hundíamos un botón, que era algo así como un scanner, el cual detectaba señales y a veces podíamos usarlas de prueba de alguna compañía de televisión por cable que estaba intentado captar usuarios. Claro, al final no comprábamos, pero recibíamos señal gratis por un tiempo.
El computador llegó a mi casa más o menos en el 95, algo tarde para algunos, pero a tiempo para nosotras que por la falta de interés en el tema o de conocimiento utilizábamos el equipo para hacer tareas o jugar solitario. Internet sí llegó un poco después cuando un primo nos contó que a través del teléfono se podía entrar a la red a través de un cable de 10 metros. Cuando queríamos acceder a la red, desconectábamos el teléfono y lo conectábamos al computador; nadie podía llamar porque se caía la conexión. Cabe anotar, que al llegar el recibo al final del mes asustaba a mi mamá, quien se debatía entre modernizar la tecnología del hogar y pagar cuentas caras.
A los 16 años, con mis ahorros de un año compré un Nintendo Family. Esta consola marcó un hito en mí, robó mi atención y energía. No era como el Nintendo común y corriente, pero podía jugar sin tener que compartirlo con alguien;' Mario Bross' y 'carritos' era mis favoritos y en el Atari 'Pacman' y 'navecitas'.
Para mi familia la tecnología no era prioridad y creo que en parte estaba asociado al colegio de monjas en el cual estudiaba, que poco o nada creía en los desarrollos tecnológicos o la necesidad de los mismos, pues según ellos podrían inducir al pecado o desviar la atención en temas banales distintos a la fe en Dios. El balance de las clases de sistemas en los 13 años que estuve en el colegio fue de 30 clases en total, menos de una hora, con un computador compartido y procesador D.O.S.
Tengo que reconocer que el fenómeno de poca apropiación no era exclusivo de mi casa, estoy segura que no solo la educación, sino el entorno paisa, algo cerrado y entre montañas, promovía que lo mejor estaba ahí, entonces para qué buscar afuera.
Lo que ya no existe
Crecí con las novelas venezolanas y mexicanas que transmitían en las franjas AAA de la televisión colombiana, pensando que esa era la realidad del mundo y anhelando un día poder conocer aquellos países tan desarrollados, o ser como 'Topacio', hermosa, aunque ciega y con un gran amor.
Acompañaba a mi abuelita al banco, donde hacíamos largas filas mientras los cajeros disponibles atendían en horarios específicos. No se podía ir al mediodía, ya que a esa hora no abrían y mucho menos después de las 4 de la tarde. Sino llegábamos a tiempo no podíamos realizar las transacciones.
Conocí el celular cuando ya estaba más grande pero con el imaginario de uso que era solo para emergencias, porque además realizar una llamada era muy costoso. Era un privilegio de pocos que con sus enormes 'panelas negras' lograran comunicarse cuando lo necesitaban, eso sí, siempre las acompañaban de una despedida no tan amigable como: "cuelgue rápido, que esto me sale muy caro".
Viví cuando sólo podía llamar a mi mamá si encontraba un teléfono de monedas y cuando para comunicarme a Bogotá o Santa Marta se hacía a través de una operadora de Telecom. Igualmente, era necesario no demorarse pues la llamada nacional era venenosamente cara, y esto producía que la comunicación no fuera frecuente.
De otro lado, para consultar tareas e investigaciones iba a la biblioteca a buscar la información que estaba organizada en ficheros por autor, materia o fecha en unos cajones de madera con memo-fichas realizadas en cartulina a máquina.
Fui a clases de mecanografía donde le ponían 'babero' al teclado para que escribiéramos sin chusografías (proceso de escribir a máquina sin técnica ni normas, con un dedo cada tecla y a velocidad lenta, muy lenta). Repetí hojas enteras por cuenta de los errores que cometía al escribir en la máquina; saqué -10 en revisión ortográfica a causa de mi disortografía (enfermedad imaginaria caracterizada por el cerramiento cerebral a la ortografía, es decir 'burra ortográfica') y por no tener corrector automático. Pagué por hoja transcrita de mano a computador, ya que no tenía. Lloré desconsolada cuando me robaron el folder con las notas de la universidad, el ladrón creyó era un computador. Llamé a operadores de beeper para dejarle mensajes en clave a mi papá, de los que no obtuve respuesta.
Fui a mercar cuando había que digitar producto por producto en cajas registradoras viejas y pesadas. Entras las tantas cosas que recuerdo antes de que llegaran los beneficios de las nuevas tecnologías, está la cámara de rollo de mi papá, los cuales (los rollos) eran costosos así como su revelado, aún cuando todas las fotos salieran feas.
Conocí el cuaderno verde de contabilidad que manejaba mi mamá en el que registraba ingresos, egresos, débitos y créditos. Ayudé a conciliar la chequera de mi tía, donde repetía operaciones en calculadora eléctrica que imprimía rollos de papeles inmensos.
¿Y todo esto para qué?
Todo esto, posiblemente inimaginable para los niños de esta generación fue con lo que crecimos algunos y nos ayudó a construir una visión del mundo y unos paradigmas con los cuales, en ocasiones hoy debemos luchar. Todas y cada una de las acciones que en síntesis demandaban más tiempo y recursos tanto para las personas como para las empresas, hoy pueden casi sintetizarse en los dispositivos móviles que reúnen en unos 'pequeños aparatos' muchas funciones.
Uno de los ejemplos que ayuda a ilustrar la utilidad de tales dispositivos, tiene que ver directamente con la actividad económica de una empresa. Actualmente, trasladar, pagar o comprar insumos se puede hacer desde cualquier dispositivo móvil con solo acceder a internet e ingresar a la página del banco. Si mi abuelita hubiera vivido en esta época, posiblemente no me habría hecho ir al banco con ella y esperar largas horas, simplemente, en el momento que quisiera hubiera podido pagar sus cuentas sin hacer fila. Las sucursales bancarias virtuales son un concepto que no solo beneficia en tiempo a los empresarios, sino también en eficiencia con respecto a la utilización del capital humano de la organización.
Otro caso que ilustra la diferencia y beneficios de la tecnología es el aprovechamiento del tiempo que puede hacer un pequeño empresario. Estar al frente del negocio y supervisar las tareas pendientes través de las diversas aplicaciones móviles; rastrear movimientos bancarios desde una playa con su smartphone o enviar instrucciones a los empleados para ejecutar acciones estando fuera de la ciudad. Todo esto es posible gracias a la convergencia que ofrecen los dispositivos mediante la conectividad permitiendo tener el mundo al alcance de la mano. De esta forma, la imposibilidad de sacar vacaciones de un empresario, que se motivaba por las pocas opciones que tenía para cuidar su empresa, hoy pasan a un segundo plano, no solo generando beneficios para la organización, sino para la familia, por compartir tiempo juntos.
En fin, la conectividad ofrece una multiplicidad de opciones que permite adquirir y desarrollar nuevas habilidades que antes jamás se hubieran imaginado. Por ejemplo, ahora es muy fácil que cualquier persona descargue y acceda a un programa de videollamadas y poder conectarse desde cualquier lugar del mundo y asistir a una junta laboral o comunicarse con sus familiares y amigos.
Todos estos desarrollos apuntan a: facilitar la vida de las personas ahorrando tiempo y recursos; a través de ideas, saberes y herramientas innovadoras que sirven de ayuda en el plano laboral y personal de los individuos.
Y para terminar
Creo esta crónica puede causar cierta nostalgia para quienes vivieron durante la generación de la 'ausencia digital,' pero para otros puede abrir un horizonte de posibilidades inexploradas que le permiten optimizar los tiempos y resolver preguntas como el para qué de una compra de equipos con acceso a internet.
El universo de opciones desconocidas es amplio; y en esa medida entender y conocer la tecnología puede traer consecuencias muy positivas tanto para los empresarios como para empleados del común, quienes deben atender muchas tareas y establecer un equilibrio entre lo personal y lo laboral.
Identificar las necesidades del usuario es quizás el primer ejercicio necesario a la hora de realizar compras de productos tecnológicos. De qué tamaño y de qué tipo es su negocio, qué necesidades requiere cubrir son algunas de las preguntas que después de haber comprendido las bondades y ventajas detrás de un dispositivo móvil, son necesarias responder.
Ana Mejía

