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Conexión

Columnista
Corporación Colombia Digital

Demasiado

Por un momento y antes de empezar a decir lo que me atora hace días, quiero recordar a quién me lee que admiro los desarrollos tecnológicos recientes y los impresionantes avances en materia de comunicaciones. Reconozco que mi generación ha tenido la fortuna de experimentar transformaciones radicales en la forma como nos relacionamos los unos con los otros  y no negaría jamás que ha sido un proceso interesante de vivir y observar.

Sin embargo, no puedo evitar sentir que se ha vuelto demasiado, me siento rodeada por un ejército de “chateadores” que viven de una obsesión colectiva por saberlo todo y por vivir y pensar al minuto sin superar los 140 caracteres. Celebro los esfuerzos por promover la brevedad y la claridad de pensamientos,  pero hay límites.  

El Blacberry, el Wi-Fi y todos los demás medios y dispositivos móviles, así como sus diversas aplicaciones le han permitido a millones de personas en el mundo estar conectadas el 100% del tiempo, lo cual  honestamente me parece un exceso. Me molesta y me preocupa pensar que hayamos renunciado tan fácilmente a cosas como hablar cara a cara, tener tiempo para pensar en silencio, dormir, descansar, extrañarnos, crear, mirar o estar solos parados en una esquina simplemente viendo a la gente pasar. 

chatsAdemás de las repercusiones del contacto permanente sobre la vida personal,  el uso que le hemos dado a las  tecnologías disponibles ha logrado transformar y desdibujar los espacios y horarios laborales. Se asume que estar siempre conectado a través de un Blackberry genera una obligación de respuestas inmediatas y de disponibilidad permanente sin importar la hora o el día.

Millones de correos y mensajes son intercambiados día a día, generando la falsa impresión de dinamismo laboral sin pensar que tal vez la posibilidad de trabajar cada segundo de nuestras vidas no es una garantía segura de lograr resultados efectivos y de calidad, y que claramente más no es igual a mejor cuando a pesar de la comunicación permanenente los cambios en los problemas de todos los días y las transformaciones en los resultados no parecen ser tan evidentes. 

Hablamos demasiado, escribimos demasiado, demasiadas palabras sin tiempo para pensarlas suficiente, para darles la importancia que merecen y  el contenido que requieren. Sin duda, los desarrollos en materia de información y comunicaciones han mejorado la forma en que hacemos las cosas y hasta cierto punto nos han facilitado la vida,  pero también nos han hecho perder perspectiva sobre lo simple, sobre cosas básicas que definen nuestra humanidad y que son necesarias para no terminar de enloquecer en un mundo que no se detiene. 

En esta era de excesos tal vez valga la pena pensar en cómo darle a cada cosa sus justas proporciones para que podamos disfrutar no solo del mundo virtual sino del real. Vale la pena levantar la mirada por un segundo y observar, hacer silencio un ratito y pensar, extrañar, respirar. 

 

 


Laura Ángel Macrina
Asesora CCD
Corporación Colombia Digital

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