Necesitamos “innovar simplemente”: que un empresario, profesional, o educador pueda, desde su propio contexto, en su día a día, iniciar procesos de cambio, renovación e innovación. Este espectro ampliado sobre el tema en cuestión abre el espacio al
protagonismo de muchos actores: nosotros mismos como empresarios, profesionales o educadores. Sólo así podremos tener una sociedad competitiva, con una cultura de la competitividad y la innovación. Esta modalidad ’simple’ de la innovación, se entiende como innovación ‘incremental’ en el marco conceptual de la misma. La innovación incremental se caracteriza por estar basada en lo que ya existe: mercados, clientes y productos, procesos, profesionales, trabajadores, tecnologías conocidas, etc. Partiendo de este punto de inicio, la innovación ‘incremental’ busca mejoras continuas y permanentes sobre lo existente, con el propósito de que sus resultados nos lleven a escenarios similares, pero de una manera más eficiente y rentable para quien adelanta tales innovaciones ‘incrementales’.
A pesar de que la incertidumbre es una característica natural en todo lo novedoso, es en la innovación ’incremental’ en la que ella es menor, y por ello, es la que más fácil se puede concretar. De allí que represente el 85 por ciento de las innovaciones presentes en estos mercados. El mensaje, entonces para todos, es que podemos ser actores protagónicos de la innovación, sin importar nuestro grado de competitividad como empresas, como profesionales o como educadores.
Pero adicional a que requerimos ‘innovar simplemente’, también en muchos aspectos debemos, simplemente, ‘innovar”’ y ‘cambiar radicalmente’. Es decir, requerimos cambios radicales: necesitamos un aparato productivo competitivo que inunde con productos y servicios valiosos los mercados del mundo, que utilice para ello procesos y trabajadores más especializados y calificados; necesitamos cambiar el hecho de ser la sociedad más desigual de Latinoamérica y el continente más desigual del planeta; necesitamos eliminar radicalmente nuestra situación de violencia que nos genera unos costos sociales y económicos enormes, y que debemos contrarrestar con costos policivos y militares igualmente cuantiosos, sabiendo que unos ni otros, nos den competitividad alguna o producen un solo peso.
Cuando una realidad o situación demanda como única alternativa un cambio radical, y decimos: “simplemente, ¡hay que innovar!”, estamos hablando de las ’innovaciones radicales’. Estas se caracterizan por propiciar y generar situaciones principalmente distintas a las actuales. Ello demanda muchos más recursos, esfuerzo, tiempo y conocimiento especializado, pero es la única forma de hacer una apuesta fuerte si deseamos el cambio: una sociedad distinta, la generación de una nueva tecnología o producto difícil de copiar, la creación y captura de mercados inexistentes. Estas innovaciones tienen un impacto enorme en los mercados y son las que más beneficios producen a quienes las generan (de allí que siempre debamos darles un espacio en nuestras agendas). Sin embargo, sólo representan entre el 5 por ciento y 10 por ciento de las innovaciones que evidenciamos en los mercados.
De esta manera, ante la disyuntiva de si como individuos y sociedad debemos responder a la pregunta de este artículo: ¿Innovar simplemente o simplemente innovar?, nuestra propuesta es que respondamos como individuos y como sociedad: ‘ambas”’. El ritmo y los recursos que se le dediquen a ‘innovar simplemente”’ o ‘“simplemente innovar”’, dependerá de la evaluación que se haga de las oportunidades y las capacidades, como empresa, profesional, educador o sociedad.
Rodrigo Álvarez Jiménez
Director General
Artífice Ltda.

