Miércoles Junio 19 , 2013
Lunes, 10 Octubre 2011

¿Innovar simplemente o simplemente innovar?

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Desde hace años la palabra ‘innovación’ ha hecho parte de nuestra vida cotidiana, la vemos en vallas de publicidad, artículos de revistas, programas de política pública, y en las entusiastas frases de la misión de las empresas, para mencionar sólo algunos ejemplos. Sin embargo, el impacto real de la innovación, sus acciones y resultados, es mucho más difícil de encontrar: nuestra sociedad sigue sin renovar un aparato productivo que agrega poco valor; tenemos un bajo ingreso per cápita porque fabricamos productos con reducido valor; nuestras grandes empresas y nuestros grandes negocios están orientados al consumo o, a labores extractivas; presentamos baja demanda por empleo calificado e igualmente sufrimos de desempleo entre los trabajadores poco calificados. Puede concluirse sin exagerar, que en innovación, como en casi la totalidad de las cosas, “del dicho al hecho, hay mucho trecho”. Entonces valdría la pena preguntarse: ¿Qué es innovación? es la introducción de nuevos o mejorados productos, procesos, métodos de comercialización y modelos de negocio, capturando valor con ello y sin que sea evidente su copia.

De nosotros depende cambiar esta situación, si deseamos ser una sociedad competitiva en la realidad, más que en el discurso. Debemos vivir un entorno que nos permita ser competitivos como empresas, como profesionales, como docentes. Sólo cuando ello ocurre en una sociedad podemos lograr que una empresa sea más rentable, un profesional gane más por su trabajo, nuestros hijos estén bien educados y tengan la posibilidad de realizarse en sus sueños. Debemos entonces orientar nuestra sociedad con acciones, y no palabras, por una senda que nos conduzca al crecimiento y al bienestar. Ello demandará dejar de hablar tanto de innovación y competitividad, y más bien pasar a la acción, requerimos todos “innovar simplemente”.

Necesitamos “innovar simplemente”: que un empresario, profesional, o educador pueda, desde su propio contexto, en su día a día, iniciar procesos de cambio, renovación e innovación. Este espectro ampliado sobre el tema en cuestión abre el espacio al innovar-simplementeprotagonismo de muchos actores: nosotros mismos como empresarios, profesionales o educadores. Sólo así podremos tener una sociedad competitiva, con una cultura de la competitividad y la innovación. Esta modalidad ’simple’ de la innovación, se entiende como innovación ‘incremental’ en el marco conceptual de la misma. La innovación incremental se caracteriza por estar basada en lo que ya existe: mercados, clientes y productos, procesos, profesionales, trabajadores, tecnologías conocidas, etc. Partiendo de este punto de inicio, la innovación ‘incremental’ busca mejoras continuas y permanentes sobre lo existente, con el propósito de que sus resultados nos lleven a escenarios similares, pero de una manera más eficiente y rentable para quien adelanta tales innovaciones ‘incrementales’.

A pesar de que la incertidumbre es una característica natural en todo lo novedoso, es en la innovación ’incremental’ en la que ella es menor, y por ello, es la que más fácil se puede concretar. De allí que represente el 85 por ciento de las innovaciones presentes en estos mercados. El mensaje, entonces para todos, es que podemos ser actores protagónicos de la innovación, sin importar nuestro grado de competitividad como empresas, como profesionales o como educadores.

Pero adicional a que requerimos ‘innovar simplemente’, también en muchos aspectos debemos, simplemente, ‘innovar”’ y ‘cambiar radicalmente’. Es decir, requerimos cambios radicales: necesitamos un aparato productivo competitivo que inunde con productos y servicios valiosos los mercados del mundo, que utilice para ello procesos y trabajadores más especializados y calificados; necesitamos cambiar el hecho de ser la sociedad más desigual de Latinoamérica y el continente más desigual del planeta; necesitamos eliminar radicalmente nuestra situación de violencia que nos genera unos costos sociales y económicos enormes, y que debemos contrarrestar con costos policivos y militares igualmente cuantiosos, sabiendo que unos ni otros, nos den competitividad alguna o producen un solo peso.

Cuando una realidad o situación demanda como única alternativa un cambio radical, y decimos: “simplemente, ¡hay que innovar!”, estamos hablando de las ’innovaciones radicales’. Estas se caracterizan por propiciar y generar situaciones principalmente distintas a las actuales. Ello demanda muchos más recursos, esfuerzo, tiempo y conocimiento especializado, pero es la única forma de hacer una apuesta fuerte si deseamos el cambio: una sociedad distinta, la generación de una nueva tecnología o producto difícil de copiar, la creación y captura de mercados inexistentes. Estas innovaciones tienen un impacto enorme en los mercados y son las que más beneficios producen a quienes las generan (de allí que siempre debamos darles un espacio en nuestras agendas). Sin embargo, sólo representan entre el 5 por ciento y 10 por ciento de las innovaciones que evidenciamos en los mercados.

De esta manera, ante la disyuntiva de si como individuos y sociedad debemos responder a la pregunta de este artículo: ¿Innovar simplemente o simplemente innovar?, nuestra propuesta es que respondamos como individuos y como sociedad: ‘ambas”’. El ritmo y los recursos que se le dediquen a ‘innovar simplemente”’ o ‘“simplemente innovar”’, dependerá de la evaluación que se haga de las oportunidades y las capacidades, como empresa, profesional, educador o sociedad.


Rodrigo Álvarez Jiménez
Director General
Artífice Ltda.

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Artífice Innovación

Columnista
Corporación Colombia Digital

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