RAE: Procrastinar. (Del lat. procrastinare). Diferir, aplazar.
Wikipedia: La procrastinación (del latín: pro, adelante; y crastinus, referente al futuro), postergación o posposición, es la acción o hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes y agradables.
El término procrastinar es un recién llegado a los diccionarios particulares de muchos cibernautas (eso es si ya lo conocen). Ha cobrado fuerza en la medida que en su acepción más amplia expresa el efecto que generan en nosotros las redes sociales: aplazar lo importante a cambio de una navegación más placentera.
Facebook, YouTube, Twitter, Pinterest e infinidad de sitios web dedicados al entretenimiento, la información e incluso la pornografía se llevan las mejores puntuaciones en los rankings de visitabilidad en la medida que ofrecen contenidos placenteros y poco demandantes para el usuario.
Pero ¿qué pasa cuando lo que estamos aplazando no una tarea específica sino la vida misma?
El problema con la explosión incontenible de Internet es que ya no solo estamos aplazando responder un correo electrónico por compartir una fotografía en Instagram, sino que ahora aplazamos la reunión de amigos para ver las fotos, o peor aún, la reunión de amigos se convierte en una excusa para producir nuevos contenidos que satisfagan la voracidad de las redes sociales.

Lo importante se relega frente a actividades menos desafiantes y al final se termina haciendo lo debido simplemente porque no queda más salida. La procrastinación es vista como un trastorno del comportamiento asociada a déficit de atención, miedo al fracaso y hasta baja autoestima. En el ámbito laboral genera graves consecuencias derivadas de la baja productividad; en el ámbito emocional, los resultados pueden ser nefastos.
Ya no hace falta verse para tomar café y contarse los últimos chismes, para eso sirve Facebook. Ahora no es necesaria una llamada de un par de minutos para saludar, preguntar cómo está la otra
persona y menos para reírse en conjunto, todo el esfuerzo se ahorra con 140 caracteres. Hasta la necesidad física de compañía puede suplirse gracias a revolucionarios inventos como la almohada que se calienta al contacto y simula la presencia de alguien más en la cama.
Según el Estudio Colombiano de Internet 2011, realizado por la Asociación Colombiana de Investigación de Medios entrevistando a 7.500 personas en todo el país, el 44% de los internautas prefirió navegar que ver la televisión (nada grave en apariencia), otro 31% dejó de leer o de practicar algún deporte, y el 19% prefirió navegar antes que estar con su pareja, sus amigos o su familia. Eso significa que de cada 100 parejas, 38 encuentros no se dieron gracias a que alguno de los invitados no llegó a la cita por quedarse frente a una pantalla.
La utilidad de la tecnología es inversamente proporcional a nuestras necesidades. Mientras lo que requerimos para vivir y conseguir bienestar es simple, cortesía de la tecnología nos enfrentamos a millones de opciones que lo complejizan y nos llenan de sofismas que aplazan lo realmente importante. Pero, ¿para qué preocuparse por lo que perdemos si sigue siendo más entretenido gastar horas frente a una pantalla?

