Miércoles Mayo 22 , 2013
Viernes, 20 Abril 2012

Representación y realidad: la tecnología y lo que se muestra de nosotros

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Representación y realidad: la tecnología y lo que se muestra de nosotros

¿Qué pasa cuando a través de la tecnología se hace una representación de nosotros? El cine y la representación de los colombianos.

Representar es una de las funciones otorgadas a la tecnología. El producto de la aplicación de una tecnología suele ser visto como una representación de determinado objeto real o virtual.  Así, un sitio web se entiende como la representación digital de una organización; una transmisión radiofónica se escucha como una forma de representación de un personaje; e incluso una película puede ser vista como la representación de una cultura. Entonces ¿en Colombia qué es lo que se está representando a través de la tecnología?

Ludwing Wittgenstein, filósofo y lingüista austriaco, propuso un modelo teórico bajo el cual el lenguaje se entiende como una forma de representar la realidad. Según él, “nuestro lenguaje y nuestro pensamiento tienen sentido y referencia porque son pinturas, figuras o representaciones de las cosas del mundo”. 

Wittgenstein no se refiere a un lenguaje específico, es más, en su modelo teórico utiliza lo escrito y lo gráfico como formas del lenguaje.  En este contexto es posible pensar que el lenguaje digital, producto de la mediación tecnológica puede ser susceptible de análisis desde el modelo de la representación. Entonces podemos pensar que la producción digital nacional, y cine-colombianopara este caso el cine, representa lo colombiano. Pero, ¿qué está representando?

Una de las producciones nacionales que se estrenó recientemente hace alusión a las temáticas que circulan en los medios sobre lo colombiano, etiquetándolas como “telenovela, sangre y fútbol”. Lamentablemente pareciera que lo más recordado del cine nacional cabe entre esas tres palabras.

Los esfuerzos conjuntos del Estado, las productoras independientes y los grandes grupos de medios han dado como resultado un aumento significativo de la producción cinematográfica nacional en las últimas décadas, pasando de 2 estrenos en 1993 a 18 en 2011. (Ver cifras de la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura).

A nivel técnico, es indiscutible el avance que los largometrajes nacionales han demostrado. Desde el audio hasta las animaciones y los efectos especiales dan muestra de ello. La edición y postproducción también reflejan que nuestro cine está en una posición cada vez mejor respecto a otras latitudes. Sin embargo, el fondo de las cintas, el argumento, las imágenes, el lenguaje mismo, pareciera seguir siendo el talón de Aquiles de la producción nacional.

El público continúa tan dividido como siempre frente a los gustos. Hay quienes disfrutan el habitual estreno del 25 de diciembre, que cada año nos “sorprende” con una nueva versión de la misma fórmula televisiva llevada a la gran pantalla. Hay otros que tajantemente dicen que no les gusta ni les interesa el cine colombiano, tal vez porque se llevaron algún fiasco en el pasado y desconocen las nuevas producciones; y hay quienes le han seguido la pista a lo último de la cartelera nacional y reconocen los avances técnicos aunque critican las temáticas de la mayoría de cintas.

Los creadores nacionales llevan a las pantallas aquellas historias que creen merecen ser contadas y en paralelo, las grandes productoras limitan sus patrocinios a aquello que consideran tendrá éxito comercial. Dos criterios no necesariamente opuestos se convierten en los determinantes de lo que a través de la tecnología del cine será representando y se convertirá en ‘referente’ ante los ojos nacionales e internacionales –sin ánimo de sonar nacionalista.

¿Dónde está el problema? Pareciera estar en la representación. Los comentarios recurrentes de los colombianos sobre el cine nacional giran alrededor de que “no todos somos así”, “los colombianos somos más que violencia, drogas y prostitución”, “la cultura colombiana va más allá del chiste de mal gusto”, y una larga lista de etcéteras que siguen la misma vía.

Este es un ejemplo de cómo el producto tecnológico se convierte en representación aún cuando los representados parecieran no estar de acuerdo con ella.  Extrañamente al ver las películas producidas previas a la Ley de Cine, e incluso las de hace tres o cuatro décadas, es posible encontrar una Colombia distinta, tal vez más amplia, más diversa, con algunas deficiencias en lo técnico pero, en voz del público, mejor logradas en cuanto temáticas (recuérdese “La estrategia del caracol”, una de las más citadas por los espectadores como “la mejor” película colombiana).

En medio de la explosión de lenguajes mediados por la tecnología Wittgenstein podría aplicar su modelo; sin embargo, parece que el debate se queda en el terreno del fondo y no de la forma, porque en el caso del cine colombiano la cuestión no está en las producciones sino en lo que representan como colombiano.

 

 

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Adriana Molano

Asesora Comunicaciones
Corporación Colombia Digital

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1 comentario

  • Enlace Comentario Carlos Jueves, 26 Abril 2012 07:20 publicado por Carlos

    Hay proyección en estrenos, eso está cada vez mejor, hay que seguir mejorando

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