Desde una perspectiva fresca y actualizada, los autores hablan sobre diferentes temas relacionados con las Tecnologías de la Información y su impacto en los diversos entornos de la vida social.
Me encanta el correo electrónico. Es para mí, uno de los inventos más útiles y de esos que no pasan de moda a pesar de los otros avances que existen. Un correo ahorra tiempo y esfuerzo para las comunicaciones personales, y sobre todo para las laborales. Es un instrumento práctico para tener constancia de acuerdos a los que se hayan llegado, acordarse de las tareas pendientes, recopilar información y recoger opiniones sobre diferentes asuntos, entre otros beneficios.
Pero, a pesar de su eficiencia y de los grandes avances de la tecnología, hay dificultades humanas que ningún servidor de e-mail podrá solucionar. Existen ocasiones donde algunos malentendidos se extienden durante uno, dos, tres y hasta más correos y la duda sigue sin ser aclarada. Cuando esto sucede, no podemos evitar sentir cierto fastidio por este medio y recurrir a otras alternativas, como reuniones personales o llamadas, sin embargo, hay que analizar el uso que le damos a esta herramienta y si nuestra disposición comunicativa es la mejor.
El antropólogo y biólogo Robin Dunbar, expuso en 1992 una teoría social que afirma que un ser humano puede mantener en promedio 150 relaciones sociales estables, aunque el rango de dichos vínculos va desde 130 hasta 230 aproximadamente. Dicha conclusión, fue extraída con base a las observaciones y recuentos históricos analizados por Dunbar desde la era primitiva hasta la actualidad, lo que le llevó a determinar que es la neocorteza cerebral la encargada de limitar estas interacciones y que en este contexto, el desarrollo del lenguaje fue clave para garantizar la cohesión de grupos y la inserción efectiva de un sujeto en el sistema.
No es de extrañarse que esta noción luzca un poco obsoleta ante el nuevo panorama social planteado las redes sociales. En el pasado las relaciones entre los primates, animales que según la teoría evolucionista antecedieron al ser humano, eran determinadas por acciones como acariciarse o quitarse los piojos. Posteriormente, cuando las personas evolucionaron y aprendieron a comunicarse a través del lenguaje (oral en primer lugar y posteriormente escrito) pudieron llevar sus vínculos a otro nivel que incluía conversaciones, saludos y gestos de afecto.
Sin lugar a dudas, este fue un trabajo de grado que trascendió más allá del papel, se convirtió en un feroz competidor de otros motores de búsqueda y que además, fue el punto de partida para una compañía sólida y poderosa que ofrece a sus usuarios todo tipo de servicios Web.
Muy seguramente, usted en algún momento de su vida ha visto o ha jugado alguna de las tantas versiones de este legendario videojuego que cuenta la historia de un plomero que debe salvar a Peach, una hermosa princesa, aprisionada en las garras del malvado Koopa. Traemos para ustedes en este blog, datos curiosos sobre uno de los personajes más queridos en el mundo de los juegos y las consolas: Mario Bros.
David after the dentist y Charlie bit my finger son dos de los videos más exitosos en Youtube. El primero, con más de 66 millones de visitas nos muestra el curioso estado de un niño ligeramente anestesiado que acaba de salir de una cita con el dentista. El segundo, con más de 226 millones de visitas registra un momento vivido entre dos niños, cuando el menor de ellos muerde el dedo de su hermano mayor. Ambos videoclips registran momentos sencillos y muy seguramente, su éxito se ha basado en la fácil identificación que se genera con padres, tíos, primos y miembros de diferentes familias a nivel mundial.
Sé que mi mamá, al igual que casi todos los papás y mamás, guarda en su cerebro miles de anécdotas de nuestras ocurrencias, palabras mal pronunciadas, enfermedades, “totazos” y demás chocoaventuras. No sé como lo hace, pero en su memoria están casi intactos detalles como la lloradera que me producía cuando alguien rompía en tiras un periódico, la interacción con mis amigos imaginarios Mecho y Mechuma, los juegos con mi osito azul Otto y mi insuperable caída de un segundo piso en San Gil (Santander) en la que milagrosamente no me pasó nada. Estos datos y muchos más, sobreviven en su cerebro apoyados por fotos que guarda con recelo en su armario, algunas de las cuales, ya se encuentran desteñidas o no se sabe donde están.
Mientras usted tiene abierto su correo, es posible que tenga abiertas mil ventanas más, con noticias, videos, documentos, entre otras alternativas, ya sea que se relacione con su trabajo u ocio. Es más, debo confesar que durante el arranque de este primer párrafo, vi un video, leí una noticia, respondí un correo y olvidé por un par de minutos la idea que quería desarrollar a través de este escrito.
Así es, estamos en la época de la llamada multitarea, aquella capacidad de poder hacer varias cosas al mismo tiempo pero en algunos casos, eso puede llegar a convertirse en una jornada de improductividad llena de retazos de información y tareas a medio hacer.
Hace algunos días, una amiga se encontraba afanada intentando guardar música en su nuevo celular para escucharla durante su recorrido hacia el trabajo. “Una giga no es suficiente”, decía con respecto al espacio ofrecido por el dichoso aparato. A lo que yo asentí diciendo que yo tenía cuatro gigas en mi reproductor mp3 y que a veces sentía, no me alcanzaban para nada.
Sin embargo, luego me puse a intentar recordar que tengo exactamente almacenado y me di cuenta que me es difícil recordar tantas canciones. Al abrirlo, noté el gran desorden de archivos revueltos sin parar y que gran parte del espacio era de melodías que ya no escucho o álbumes repetidos. Liberé una parte significativa del espacio gracias a este tanteo impulsado de manera accidental por mi amiga.
Desde hace un par de meses, he estado interesada en buscar opciones para estudiar algo que me guste, puede ser un idioma, un taller de escritura o algo parecido, pero cualquier cosa que crea puede enriquecerme como profesional. Sin embargo, a pesar de mi genuino deseo, cuento con poco tiempo ya que Bogotá (Colombia) es una ciudad grande en la que desplazarse de un lugar a otro es una verdadera odisea y mis tareas laborales no siempre me dan tiempo de ir a tal y cual lado.
Es por eso que muchas de estas las alternativas de formación que me parecen atractivas, las he encontrado a través de Google o mirando en páginas de instituciones que me han recomendado amigos o que su nombre me “suena” por cuestiones de reconocimiento y prestigio.
Hace poco me encontraba aburrida canaleando en la cada vez más aburrida televisión. De repente, unas imágenes captaron mi atención y me quedé en lo que parecía un documental interesante sobre un grupo de música africana. Aunque la historia era cautivante, no pude evitar sentir que algo faltaba y que había un ente misterioso que no me hacía quedarme del todo contenta con la producción: no tenía música incidental. Podrá sonar tonto, el dichoso documental de un grupo musical no tenía la más mínima tonada de fondo, y eso, hizo que a los pocos minutos cambiara de canal.
Todo esto se debe al llamado audio, uno de los elementos esenciales para cualquier producto audiovisual es fundamental para obtener buenos resultados, pero a menudo, su magia es ignorada por los espectadores que no son conscientes de su influencia. Cuando estudié en la universidad, un profesor que dictaba una materia llamada sonorización decía que el audio era una de las áreas más ingratas de la producción audiovisual: “Cuando en una película el sonido y la música se escuchan bien, nadie lo nota. Pero a la más mínima falla la gente se queja, algo les fastidia así no sepan bien de qué se trata y la calidad de las imágenes se ve afectada”.
A propósito de la controversial Ley de Arizona y todo lo que está sucediendo alrededor de esta medida, hoy quisiera hablarles sobre un hecho que sucede cada vez con más frecuencia que con sinceridad, me parece un poco preocupante: el aumento de grupos, comentarios y publicaciones xenofóbicas disponibles en la Red.
Para nadie es un secreto que existe discriminación contra ciertas razas, culturas y grupos minoritarios en cualquier parte del mundo. Las raíces de este odio hacia otras personas varían dependiendo del contexto y en algunos casos, los que impulsan este tipo de actitudes pueden llegar a ser muy agresivos con el objeto de su repudio.
Al paso que vamos, es probable que todos tengamos una casa en el aire como Ada Luz, personaje de la famosa canción “La casa en el aire” escrita por el maestro Rafael Escalona. Por más futurista que suene, no hablamos de una casa flotante a muchos metros de la Tierra, sino que hacemos referencia a un hecho inminente: cada vez los internautas andamos más en las “nubes”.
En el pasado, Ada Luz seguramente guardaba sus fotos, textos y mucha más información invaluable en algún armario de su casa, pero si ella salía a la calle a hacer alguna diligencia y olvidaba llevar consigo tal o cual papel, perdía tiempo.
Ahora, Ada Luz y muchas otras personas a través de la Red, tienen la oportunidad de cargar sus datos a todas partes y acceder al armario infinito de contenidos con algo que popularmente se conoce como “La nube”, que no es sino una metáfora alusiva al espacio virtual que encierra Internet y a todas las oportunidades de almacenamiento.
Hace un mes compré algo, gracias una tonta confusión, y al ver lo recibido era obvio que necesitaba deshacerme de ello, en el sentido más literal que se les pueda ocurrir. Ofrecí el producto a varios de mis amigos, pero ninguno estaba interesado, a pesar de todos los esfuerzos de divulgación que hice.
Hasta ahora, debo decir que mi perspectiva acerca de este tema era bastante uniforme. Creía que no todo lo gratis era malo siempre y cuando se respetaran los derechos de autor y que incluso, la gran afluencia de contenidos “piratas” era una forma de equilibrar el acceso de usuarios con pocos recursos a material importante que de otro modo, era imposible obtener principalmente por razones económicas.
Desde que conocí Youtube, la televisión me parece aburrida. Es tan fácil encontrar videos sobre casi cualquier temática, personaje y perspectiva, que me cuesta trabajo no sentirme atraída a tal diversidad. No se necesita ser una poderosa progamadora de televisión o un canal regional, Youtube es democrático y permite el acceso a todo el que encuentre la manera de grabar un video y subirlo a Internet.
Youtube tiene ya cinco años de larga vida y son muchos los que como yo, se entretienen con todas las parodias, bromas, ocurrencias, información y conocimiento que producen los más de 100 millones de usuarios que usan esta red de gran afluencia, con más de 1000 millones de videos vistos al día.
El segundo caso fue durante el encuentro Argentina – México, con el primero gol que anotó Carlos Tevez que para algunos se encontraba en posición adelantada, como lo muestra este video: http://www.youtube.com/watch?v=nmo7rPnLMKM, pero el árbitro auxiliar de línea consideró que el tanto si era claro y válido, lo que perjudicó a la selección mexicana que luego de este error no volvió a ser la misma.
Sin embargo, llegamos a un punto de la conversación donde desde nuestro punto de vista, todos los casos coincidían en algo. Existe una gran dificultad para aprender y es el estar malacostumbrados a que nos expliquen todo y no tener una buena disciplina de auto-aprendizaje. “Mi mamá compró un celular y prefiere llamar a preguntarme que cómo se hace tal o cual cosa, en lugar de leer el manual. Dice que así es más fácil”, afirmó uno de los presentes.
Hoy en día, es más que evidente que las fuentes son muchas gracias a Internet. Es posible leer una obra literaria en su idioma original, ver una película, bajar una canción o compartir una noticia. No hay límites: la información y el conocimiento están en nuestras manos.
Sin embargo, de nada sirve que tengamos el mundo entero en la palma de la mano si no tenemos el suficiente criterio para saber qué hacer. Hay tanta información en todas partes que nos enseñan a acceder a ella, pero en muchos casos no se sabe cómo tomarla.
Roberto Carlos cuando escribió esta canción jamás se imaginó que una aplicación como Facebook si bien, no lo llevaría a tener exactamente un millón de amigos, lo ayudaría a alcanzar la moderada suma de 5000 (máximo permitido por esta red social) con tan sólo hacer clic aquí y allá. Cinco mil suena bastante bien, teniendo en cuenta que sostener una relación con cada una de estas personas es una labor apoteósica que pocos por cuestiones de tiempo o interés están realmente empeñados en asumir.

