Las cifras mencionadas provienen del informe realizado por el grupo AVG Internet Security en 2011, encuestando a 2.200 madres de niños entre los 2-5 años, en 10 países distintos. Los datos podrían sorprender ya que mientras un 19% de los pequeños sabe utilizar aplicaciones sencillas para dispositivos móviles, sólo el 9% sabe cómo amarrarse los zapatos.
En niños de mayor edad y adolescentes, las estadísticas son aún más radicales. El 70% de ellos está por lo menos una hora diaria conectado a Internet, especialmente a redes sociales, donde tienen perfiles que manejan de forma independiente de sus padres desde los ocho años, aún cuando plataformas como Facebook exigen una edad mínima de trece para registrarse.
Internet continúa siendo la gran fuente de información donde es posible encontrar desde cuentos infantiles hasta instrucciones para construir una bomba o contenidos sexualmente explícitos, frente a los cuales los padres parecen estar de acuerdo en que no son apropiados para sus hijos. Entonces, ¿cuál es la solución?, ¿acaso prohibirle a los pequeños el uso de Internet o usar software de seguridad que bloquean ciertos contenidos evitando que los niños accedan a ellos?
Los niños y jóvenes parecen estar cada vez más atados a las tecnologías y estas parecen ofrecer opciones sanas y entretenidas para ellos; sin embargo, los padres y maestros (y todos los que pasan algún tiempo cerca a nativos digitales) tienen la sensación de que no es posible comunicarse con ellos si no hay una pantalla que medie la interacción. Las madres intentan que sus hijos disfruten del aire libre y se alejen de las consolas de juego; los padres preferirían que los niños visitaran a sus amigos y establecieran vínculos fuertes con otros en el mundo real; los maestros desearían que los jóvenes entraran en contacto con un libro un poco más que el promedio de 38 minutos al día.
La lógica ha cambiado y el tiempo no da marcha atrás. Los juegos de mesa ya no son una opción para los nacidos en el Siglo XXI, quienes prefieren una tableta antes que una baraja de cartas; el parque de diversiones y las visitas a los amigos dejaron de cumplir su labor y ahora se trasladaron al muro de Facebook donde se sacia la necesidad adolescente de ver y ser visto. Los abuelos criados con la radio, los padres que crecieron con la televisión y los hermanos mayores que descubrieron Google en la universidad apenas pueden entender cómo un joven pasa su vida frente a una pantalla.
Comprender la lógica que determina las acciones de los niños y jóvenes de la actualidad es tarea de los sicólogos y los especialistas en mercadeo. Los primeros buscan respuestas para orientar a las familias y los centros educativos; los segundos desarrollan estrategias de mercadeo certeras para capturar al voluble público adolescente.
Lo anterior, no significa que deba estigmatizarse la tecnología como una fuente de ‘perdición’; la cercanía de las TIC a los niños ha facilitado el desarrollo de ciertas competencias que les permiten ajustarse de una forma más fácil a los modelos educativos y de producción que demanda el mercado actual, ejemplo de ello es que cada vez se conozcan más casos de pequeños genios que a los diez años desarrollan una aplicación o encuentran el código secreto de un software y son contratados por multinacionales que aprovechan su potencial.
El presente requiere personas en capacidad de buscar información, categorizar los datos encontrados y tomar decisiones certeras basadas en estos; los adultos de hoy aprendimos y nos adaptamos a esos requerimientos, los adultos del mañana nacieron y se están entrenando en esas competencias al usar desde teléfonos inteligentes hasta consolas de videojuego y tabletas para conectarse al mundo.
El papel de los padres actuales es apoyar y cuidar a los niños durante el proceso de acercamiento al mundo a través de la red, velando por su seguridad sin que esto signifique coartarles la libertad de explorar y construir sus propios entornos digitales, dotándolos del criterio y la capacidad de comprensión de lo correcto/incorrecto necesarias para acceder de forma segura a la web.

